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Radio Cristiana Rio de Dios

Agosto 13, 2015

Amando desde el Corazón

“Ámense los unos a los otros entrañablemente, de corazón puro.”1

Hay una historia de un autor desconocido que ha circulado en el Internet que refleja el punto de vista de la carta de Pedro a las iglesias de Turquía. Probablemente la han leído, pero vale la pena repetirla. Puede ser o no cierta, pero es una excelente parábola si mantenemos en mente que Jesús creo historias para ilustrar sus enseñanzas.

Es sobre un niño que estaba a punto de tener una operación a corazón abierto.

“Mañana temprano,” empezó a decir el cirujano, “yo abriré tu corazón.”

“Y allí adentro encontrarás a Jesús,” lo interrumpió el niño.

El cirujano pareció molestarse. “Abriré tu corazón” continuó, “para ver que tanto daño hay.”

“Pero cuando abras mi corazón,” dijo el joven paciente, “allí adentro encontrarás a Jesús.”

El cirujano volteó a ver a los padres que se encontraban sentados en silencio. “Cuando vea todo el daño que existe, te coseré el corazón y el pecho de nuevo y planearé el siguiente paso.”

“Pero usted encontrará a Jesús en mi corazón,” insistió el joven paciente. La biblia dice que él vive allí. Usted encontrará a Jesús en mi corazón.”

El cirujano ya había escuchado suficiente. “Te diré lo que encontrare en tu corazón,” le dijo fríamente. Encontrare músculos dañados, bajo suministro sanguíneo y venas débiles. Y sabré si puedo arreglarlo o no.”

Más tarde, el cirujano se encontraba sentado en su oficina, grabando sus notas para la cirugía. “Aorta dañada, vena pulmonar dañada, degeneración masiva de los músculos. No había esperanza para un trasplante, ni para una cura. Terapia: medicamento para el dolor y descanso en cama. Diagnostico,” aquí él pauso un momento, “muerte en menos de un año.”

Detuvo la grabadora, pero había más que decir. “¿Por qué?” se preguntó en voz alta. Era claro que él hablaba con Dios. “¿Porque hiciste esto? Porque lo trajiste aquí, tu le diste este dolor; y lo has condenado a sufrir una muerte temprana. ¿Por qué?

Lagrimas ardiente corrían por su rostro, pero su ira era aun mas. “Tú creaste a este niño, y su corazón. El morirá en varios meses. ¿Por qué?

Y así se inicio un dialogo entre el cirujano y Dios. Y en ese dialogo este frustrado cirujano descubrió una nueva forma de comprender el amor y la providencia de Dios. El cirujano lloró.

Ahora se encontraba sentado a un lado de la cama del chico, los padres se encontraban sentados frente a él. El niño despertó y murmuró, “¿abriste mi corazón?”

Sí, dijo el cirujano.

¿Qué encontraste? Preguntó el niño.

Encontré a Jesús, respondió el cirujano.

En tiempos de persecución y sufrimiento, en tiempos de dolor y estrés, cuando todo se viene abajo, solo tenemos un lugar a dónde ir, y ese lugar es el poder de Cristo. Si en el centro del universo no hay amor, entonces nada de lo que creemos importa.

Como lo dice la Biblia, “Ámense los unos a los otros entrañablemente, de corazón puro.”1

Se sugiere la siguiente oración: “Querido Dios, gracias por amarme tanto que diste a tu Hijo, Jesús, para pagar por mis pecados. Gracias, también, porque al aceptar a Jesús como mi Salvador, él ahora mora en mi corazón. Por favor ayúdame a comunicar este amor a cada vida que toque.Y conceda que esa gente, viendo a Jesús en mí, deseé a Jesús en sus corazones también. Gracias por escuchar y responder a mi oración. Te agradezco. En el nombre de Jesucristo, Amén.”

P.D. Si nunca ha invitado a Jesús en su corazón y en su vida, ¿porque no hacerlo hoy? Para más ayuda vea el artículo “Cómo saber que soy cristiano en realidad.” en: http://www.actsweb.org/sp/conocer_a_dios1.php

1. 1 Pedro 1:22 (NVI).