Diciembre 08, 2015

Arreglando las cosas cuando estas salen mal, Parte II

“Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.”1

Es verdad que todos tenemos temporadas en las que las cosas van mal. Estos tiempos pueden quebrantarnos o hacernos más fuertes. Los siguientes pasos nos ayudarán a beneficiarnos y a crecer durante estas temporadas.`

Primero, actitud. Si respondemos a nuestras dificultades positivamente, determinados a que con la ayuda de Dios las superaremos, así será. Si reaccionamos negativamente con una actitud derrotada, seremos derrotados.

Como Zig Ziglar dice en su libro, Nos vemos allá arriba, “la actitud es mucho más importante que la aptitud…. A pesar de la evidencia abrumadora que apoya la importancia de una correcta actitud mental, nuestro sistema educativo desde el  jardín de niños hasta graduarnos de la universidad ignora este factor vital en nuestras vidas. Noventa por ciento de nuestra educación se concentra en obtener los hechos mientras que solamente el 10 por ciento de nuestra educación tiene como objetivo nuestros sentimientos o actitudes.

“Estas cantidades son en verdad increíbles cuando vemos que la parte pensante de nuestro cerebro es solamente un 10 por ciento del tamaño de la parte del cerebro que se encarga de la sensación. Un estudio por la universidad de Harvard reveló que un 85 por ciento de las razones del éxito, de los logros, las promociones, etc. Se debían a nuestras actitudes y solamente 15 por ciento debido a nuestra experiencia técnica.”

Ziglar también precisó que William James, el padre de la psicología americana, indicó que el descubrimiento más importante de nuestro tiempo es que podemos alterar nuestras vidas al alterar nuestras actitudes.

En segundo lugar, siendo realista. Es muy importante que para poder crecer con nuestros problemas que les hagamos frente en forma realista.

Un amigo mío que es doctor me habló de una familia en la cual la madre se rompió el brazo. El marido y el hijo tuvieron que forzarla para ir al doctor y sostenerla mientras que el doctor le enyeso el brazo quebrado.

“No hay nada mal con mi brazo, doctor. Todo está perfectamente bien,” ella insistió.

“Ya veo,” dijo a doctor mientras le acomodaba el brazo quebrado. Varias semanas después la mujer regreso para que le removieran el yeso y el brazo estaba bien.

“Allí,” dijo a mujer, “mire esto. ¡Le dije que no había nada malo con mi brazo!”

Esta mujer era de cierta convicción religiosa que la condujo a creer que no había nada mal con ella. Afortunadamente, su familia era poco una más realista. También necesitamos ser realistas sobre nuestros problemas si vamos a resolverlos.

Tercero, aceptación. Además, nos pase lo que nos pase necesitamos aceptarlo. De nada sirve decir, “si solamente….”

Hace varios años un pariente cercano sufrió una embolia masiva y quedo paralizado parcialmente. Los doctores sentían que la embolia pudo haber sido evitada  así que era extremadamente tentador el poder decir, “si solamente hubiéramos sabido.”

Sin embargo, es inútil decir, “si solamente.” La familia no podría regresar al pasado y hacer las cosas de diferente forma. Todos tuvimos que aceptar la realidad de qué había sucedido, y continuamos con nuestras vidas.

Y como me gusta decirle a mi hijo quien es bipolar, “en tus pensamientos recuérdate que estás viviendo con un desafía-no con un problema.” Esto es algo que todos nosotros necesitamos hacer cuando las cosas van mal y estamos haciendo frente a épocas difíciles. Tal vez no seamos lo que pensamos que somos, pero lo que pensamos, eso somos, o en eso nos convertimos. Nuestros pensamientos nos hacen tal.

Continuará….

Se sugiere la siguiente oración: “Querido Dios, cuando las cosas vayan mal en mi vida por favor ayúdame a tener una actitud constructiva, ser realista, y aceptar lo que ha sucedido como una oportunidad para el crecimiento personal y espiritual y por medio de esto convertirme en una persona más fuerte y más sana consecuentemente. Gracias por escuchar y responder a mi oración. Te agradezco. En el nombre de Jesús, Amén.”

1. Filipenses 4:8 (NVI).