Enero 12, 2015

Bendiciones Ocultas

“Hermanos míos, considérense muy dichosos cuando tengan que enfrentarse con diversas pruebas, pues ya saben que la prueba de su fe produce constancia. Y la constancia debe llevar a feliz término la obra, para que sean perfectos e íntegros, sin que les falte nada.”1

En mis días de juventud fui director de un ministerio para jóvenes al sur de Australia. La mayor parte de mi ministerio consistía en enseñar clases de religión en las preparatorias públicas. Esto se hacía a través de iglesias locales. Una noche las denominaciones principales votaron para dejar de enseñar religión en las escuelas. Su voto eliminó por lo menos un 90% de mi trabajo. Entregué mi renuncia pero la mesa directiva no la aceptó ya que de acuerdo al contrato necesitaba notificarles de mi renuncia con tres meses de anticipación. 
 
Pensé que no estaban siendo razonables. Tenía un empleo pero no tenía un trabajo. Para hacer algo comencé a escribir … y he estado escribiendo desde entonces.

Fuera de lo qué podría haber parecido una experiencia muy decepcionante el trabajo que he estado haciendo—los últimos 30 años—ha crecido más allá de lo que jamás hubiese podido soñar que sería posible.  Lo que me sucedió tiempo atrás fue una de las mejores bendiciones de mi vida.

He leído cómo durante la gran depresión, despidieron a Wallace Johnson, quien era un cristiano dinámico, de su trabajo en el aserradero. Para Wallace y su esposa esto era una pérdida devastadora. ¿Qué hizo Wallace? Él hipotecó su casa y entró en el negocio de la construcción. En un lapso de cinco años él era un multimillonario y fue el fundador de la cadena de hoteles Holiday Inn.

Wallace dijo, “si pudiera localizar al hombre que me despidió le agradecería sinceramente por lo que hizo. Cuando esto sucedió, no entendía por qué  me habían despedido. Después vi que era ciertamente el maravilloso plan de Dios para llevarme por el camino que él había elegido.” 

¿Así pues, estimado lector, está usted pasando con un momento difícil—uno de pérdida o decepción? Si es así, asegúrese de preguntarle a Dios que es lo que está tratando de enseñarle a  través de esta dolorosa experiencia y pida que le prepare de modo que usted pueda ser un cristiano productivo y un siervo fiel del Señor. 

Se sugiere la siguiente oración: “Querido Dios, ayúdame a poder ver en todas las experiencias dolorosas en mi vida que siempre hay una lección que estás tratando de enseñarme para ayudarme a ser un cristiano más maduro y más productivo y a ser un poderoso testigo de tu poder de salvación. Gracias por escuchar y responder a mi oración. Te agradezci, En el nombre de Jesús, Amén.”

1. Santiago 1:2-4 (NVI).

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