Octubre 14, 2014

Cuando el Corazón Está Quebrantado

“El SEÑOR está cerca de los quebrantados de corazón, y salva a los de espíritu abatido.”1

E. Kittregde escribió, “‘Estoy tratando de confiar,’ dijo uno mientras escuchaba la tierra caer sobre el féretro que contenía los restos de un amigo muy querido, ‘estoy tratando de confiar’ y he visto a un ave con el ala rota tratando de volar. Cuando el corazón está roto, todo lo que hacemos solo intensifica el dolor. Pero, si en lugar de tratar de confiar, nos acercáramos al Consolador, y descansáramos nuestras debilidades en su gracia, la confianza regresará sin que lo intentemos, y la promesa de ‘paz perfecta’ calmará cada oleada de tristeza que nos aflija.”

Desafortunadamente, el resolver el dolor no es tan sencillo. Aprender a resolver el dolor y a confiar en Dios no es un evento—es un proceso, un proceso que toma tiempo. El sentirse abandonado por alguien a quien amamos nos deja destituidos. Nos podemos sentir enojados con Dios por llevarse a nuestros seres amados y aun mas sentirnos molestos con el que se fue. Ya sea que debamos o no sentirnos de esta manera no es el punto. Sentimos lo que sentimos. Esa es la realidad y esos sentimientos necesitan ser expresados de una manera saludable para comprender a esos amigos que tan cariñosamente nos aceptan y aceptan nuestros sentimientos. Luego está el implacable dolor que nos destroza el corazón.

Lágrimas—lágrimas desde lo más dentro—necesitan ser sollozadas una y otra vez hasta que el dolor se haya disipado. De nuevo, esto lleva tiempo. Las lágrimas son el regalo de Dios para drenar el implacable dolor de las penas. Hasta que resolvamos todas estas emociones tan dolorosas, podría ser muy difícil para muchos, si no imposible, el sentir la amorosa presencia de Dios.

Además, en momentos de perdida, el apoyo de los seres queridos es crítico. Ciertamente, uno se puede retirar por un tiempo corto, pero no por mucho tiempo. El apoyo amoroso de los amigos es crítico en este momento… y en ocasiones por mucho tiempo.

Si necesitamos a Dios pero también necesitamos a las personas. Una de las primeras cosas que Jesús hizo al comienzo de su ministerio fue la de elegir “doce para que estuviesen con él.”2 y uno de los dolores previos a su crucifixión fue el ser abandonado por sus discípulos. ¿Si Jesús necesito de la relación con sus discípulos, cuanto más necesitamos nosotros a nuestros amigos?

Se sugiere la siguiente oración: “Querido Dios, ayúdame a ser un amigo cariñoso y comprensivo con quien las personas se sientan cómodos para sacar el dolor de sus corazones. Y libérame de la costumbre de dar consejos cuando todo lo que se necesita es un corazón dispuesto a escuchar y a comprender. Gracias por escuchar y responder a mi oración. Te agradezco. En el nombre de Jesús, Amén.”

1. Salmos 34:18 (NVI).
2. San Marco 3:14.