Julio 07, 2015

Dejandolo ir

“Quien encubre su pecado jamás prospera; quien lo confiesa y lo deja, halla perdón.”1

Una señora que conozco tiene una hija de unos treinta años quien es alcohólica y aun vive con ella. Cuándo la hija sale y bebe demasiado para conducir de regreso a casa, ¿adivinen quién va a recogerla? ¿Y cuándo bebe demasiado y no puede ir a trabajar y no puede hacer los pagos del coche, adivinen quien lo hace? Usted tiene razón. Están en lo correcto, su madre lo hace. ¿Así pues, quien de las dos está más enferma?

Mientras la madre continúe rescatando a su hija, la hija no tiene ninguna necesidad de hacer frente a su problema y de repararlo. La madre le facilita las cosas. Los consejeros nos dicen que por cada alcohólico existen cuatro personas o codependientes que se lo permiten. Esta gente corta el circuito natural de las consecuencias del comportamiento auto destructivo y negativo de los alcohólicos.

Tan difícil como pueda parecer, viene una época después de que nada haya funcionado, cuando quien permite que las cosas pasen necesita detenerse y dejar de rescatar a la otra persona, lo cual es parte de la enfermedad y solo refuerza el problema.

Por lo general es solamente cuando la gente con problemas graves tocan el fondo, es que ellos tienen probabilidades de salir de su negación, admitir quiénes son y hacer algo al respecto. No hay garantía de que harán esto, pero si no paramos de rescatarlos, es una garantía segura que no trataran de recuperarse, pues no sienten ninguna necesidad. El hijo prodigo del que Jesús enseñó volvió a sus sentidos solamente cuando él tocó el fondo. El padre lo dejó ir para que así él pudiera hacerlo. Dios también nos deja tocar el fondo para que recuperemos nuestros sentidos, admitamos nuestra enfermedad, y entremos en recuperación.

¿Hay alguien en su vida a quien usted necesita dejar ir, quitarse del camino y dejar de rescatar y permitirle cosas y confiárselo a Dios? Este acto de amor resistente no será bien recibido (poniéndolo en forma suave), pero es la mayor muestra de cariño que uno puede hacer.

Se sugiere la siguiente oración: “Querido Dios, cuando necesite ejercer el amor fuerte ayúdame a ver mis acciones destructivas y dame el valor para dejar ir a la persona a quien le estoy permitiendo el comportamiento y dejarlos que toquen fondo—y confiártelos a ti con la oración de que ellos entraran en razón y se recuperaran. Gracias por escuchar y responder a mi oración. Te agradezco. En el nombre de Jesús, Amén.”

1. Proverbios 28:13 (NVI).