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Radio Cristiana Rio de Dios

Enero 26, 2015

Desarrollando Una Imagen Saludable

“Nosotros amamos a Dios porque él nos amó primero.”1

Jim estaba parado en la línea para pagar en el supermercado cuando, para su asombro, pasó un hombre enfadado, y muy agresivo, seguido detrás por su tímida esposa, pasando enfrente de él y otros clientes, con un saco de cuarenta libras (veinte-kilogramo) de harina sobre el hombro. Dando a su esposa un poco de dinero, él gruñó: “Aquí, paga por esto.” Él entonces procedió a salir con su saco de harina.

Sin él saberlo, había un agujero en la parte posterior del saco de harina. Al salir rápidamente del supermercado, él había dejado tras de sí un rastro de harina blanca hasta llegar al coche. Al salir del supermercado y encaminarse a su auto Jim notó que el hombre acababa de descubrir que su saco ahora estaba solamente lleno a la mitad. ¡Uno podría sugerir que fue justicia poética!

¿Qué hace a la gente como este hombre tan desagradable? Entre otras posibilidades, él tiene indudablemente una imagen muy pobre de sí mismo. La conclusión es que este tipo de personas no se sienten amados. Es por eso que su esposa era tan tímida a la vez. Las personas que no se quieren a sí mismos tienden a ser débiles, pasiva, sumisas y esquivas, o proyecta su propio odio en la gente alrededor de ellos siendo agresivos y molestándolos. Como no se quieren a sí mismos ellos piensan que los demás tampoco los quieren y se sienten rechazados.

El poder superar la pobre imagen de uno mismo y la carencia de un sentido sano de aceptación no sucede de la noche a la mañana. Toma tiempo, dedicación y es necesario tomar riesgos. A menudo la inseguridad y pobre imagen sobre uno mismo tienen sus raíces en la niñez donde uno no recibió o siente que no recibió amor incondicional. Pero aquí está el reto: Lo que no recibimos en la niñez necesitamos poder recibirlo.

¿Y cómo hacemos eso? Es sencillo pero no es fácil. Está basado en un principio bíblico de que, “Nosotros amamos a Dios porque él nos amó primero.” Es decir (espiritualmente hablando) aprendemos a amar a Dios a través de su amor por nosotros porque él nos conoce plenamente—con verrugas y todo—y nos ama a pesar de todo … incondicionalmente.

El mismo principio se aplica emocionalmente. Para amar verdaderamente a los demás necesitamos ser primeramente amados por lo menos por una persona que sea segura, comprensiva y que no nos juzgue. Para ser amado por esa persona necesitamos que él/ella nos conozca completamente—con verrugas y todo—y conociéndonos como somos en verdad, nos ame incondicionalmente de cualquier manera. Es a través de este amor incondicional hacia nosotros que aprendemos (con el tiempo) a amarnos y aceptarnos de una manera sana.

Como lo dije, es simple pero no sencillo ya que nos atemoriza la idea de que si alguien nos conoce completamente por quienes realmente somos, tal vez no nos quieran y seamos rechazados. Sin embargo, es solamente cuando tomamos el riesgo y salimos de nuestra zona de comodidad que tenemos la oportunidad de aprender a amarnos y aceptarnos completamente en una forma sana. Entre más hagamos esto iremos mejorando la imagen que tenemos de nosotros mismos, y por lo tanto, no seremos lastimados tan fácilmente y será más fácil tratar con los obstáculos con los que nos topemos. Nuestros sentimientos aún pueden ser lastimados pero no nos sentiremos devastados.

Se sugiere la siguiente oración: “Querido Dios, te agradezco por conocerme tal y como soy y por amarme incondicionalmente. Ayúdame por favor a encontrar a una persona segura que pueda conocerme y amarme completamente y a aprender a amarme y aceptarme de la misma forma en la que tú me amas y aceptas. Gracias por escuchar y responder a mi oración. Te agradezco, Enel nombre de Jesús, Amén.”

1. 1 Juan 4:19 (NVI).

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