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Radio Cristiana Rio de Dios

Julio 10, 2015

“Confía en el Señor de todo corazón, y no en tu propia inteligencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él allanará tus sendas.”1

Un lector del Encuentro Diario nos pregunta, ¿Cómo puedo saber cuando Dios me está hablando o cuándo son mis propios pensamientos? Yo siempre bromeo diciendo que Dios necesita lanzarme un ladrillo con una nota y golpearme en la cabeza. Comprendo cómo se siente esta persona y tengan la confianza que muchos otros lectores batallan con la misma pregunta.

En una ocasión un hombre me dijo que Dios le había dicho que él trabajaría para mí. No creí en ese mensaje. IY no me partió un rayo cuando no le di el empleo. Cuando era diácono en una iglesia, este mismo hombre y otro diácono, cada que hablábamos de temas que había que discutir, siempre proclamaban que Dios les había dicho como hacerlo.

Esto podría haber sido el fin de la discusión, porque ¿quién puede discutir en contra de Dios? Pero mi respuesta para estas personas en lo que a mí respecta era que Dios no me lo ha dicho aún, así que ¿podríamos seguir hablando del tema? Yo no les simpatizaba a estas personas.

Dios nunca me ha hablado en una voz audible pero aparentemente lo hace con algunas personas. Creo que por lo menos en una ocasión Dios me “habló” en un sueño muy real. De lo que necesitamos estar seguros es de poner a prueba el mensaje para ver si es de Dios, mío o de alguien más. ¿Cómo hacemos esto?

Primero, el mensaje de Dios es siempre en armonía con su palabra, la Biblia, y nunca en oposición a ella. Recuerdo haber escuchado a un orador hablar acerca de un fenómeno que pasaba en su iglesia diciendo que tal vez era un nuevo trabajo de Dios porque eso no estaba en la Biblia. Este puede ser un camino falso a seguir.

Segundo, cuando Dios nos habla o nos guía, existe una convicción y un sentimiento de paz interior. Como lo dice su palabra, “Que la paz de Dios reine en sus corazones” (colosenses 3:15). Cuando no tengo la paz interior, he aprendido en forma dura a no actuar en lo que pienso que debo hacer.

En mi juventud, si lo que pensaba que era Dios hablándome, hubiera estado dispuesto (tal vez) a “pararme de cabeza.” Pero aprendí que hay una gran diferencia entre lo que Dios me dice—una convicción—y lo que me digo a mi mismo—una compulsión. Con una convicción existe un sentimiento de libertad. Pero cuando la “pequeña voz dentro de mi cabeza” continúa diciéndome obsesivamente “¡tienes que hacer esto!, ¡tienes que hacer esto!, “¡tienes que hacer esto!” puedo con certeza saber que es una compulsión y no una convicción de Dios.

Tercero, cuando estamos entregados a Dios, él nos habla suavemente o nos guía a través de las circunstancias. Hablando personalmente, al mirar hacia atrás, puedo ver como Dios me ha guiado consistentemente a través de varias circunstancias y como lo dijo el escritor de himnos, “Jesús me guía por el camino.”

Continuará…

Se sugiere la siguiente oración: “Querido Dios, gracias porque cuando me entrego a ti y confió en ti con todo mi corazón, tu siempre me guías por el camino que debo de seguir. Por favor ayúdame a aprender a discernir cuando la voz que escuche sea la tuya, la mía o la de alguien más. Gracias por escuchar y responder a mi oración. Te agradezco. En el nombre de Jesús, Amén.”

1. Proverbios 3:5–6 (NVI).