Febrero 10, 2016

Dios, ten piedad

“Al salir Jesús y sus discípulos de Jericó, lo seguía una gran multitud. Y dos ciegos que estaban sentados junto al camino, cuando oyeron que Jesús pasaba, clamaron, diciendo: –¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros!”1

Por el caliente y polvoriento camino a Jericó, caminando sus discípulos y una multitud de seguidores alrededor de él, Jesús intentaba moverse a través de Jericó. En la distancia dos hombres ciegos (probablemente mendigos) se encontraban sentados a un lado del camino. Preguntándose a que se debía toda la conmoción a su alrededor, preguntaron que es lo que sucedía.

“Creo que es el hombre al que llaman Jesús – ese religioso poco ortodoxo,” oyeron decir a alguien. “Dicen que él va en contra de muchas de nuestras tradiciones religiosas y los líderes lo odian debido a eso. Pero él también cura a gente de toda clase de enfermedades. Será grandioso escucharlo. Él viene hacia acá.“

Los mendigos ciegos sabían todo sobre Jesús pero nunca lo habían “visto” así de cerca antes. “Esta es nuestra oportunidad,” se dijeron el uno al otro. De alguna manera sabían que ésta podría ser la única oportunidad de estar cerca de este hombre al que todos llaman Jesús. Él pasaría exactamente frente a ellos.

Al sentir que la muchedumbre se acercaba ellos presintieron que Jesús estaba en alguna parte cerca, y gritaron con todas sus fuerzas, “¡Señor, hijo de David, ten misericordia de nosotros!”

La muchedumbre los criticó e intentó callarlos, pero con la dignidad lanzada al viento, gritaron aún más fuerte, “¡Señor, hijo de David, ten misericordia de nosotros!”

¡Y Jesús se detuvo! Palabras asombrosas. Acción asombrosa. El hijo de Dios se detuvo.

¡Imagínenselo! Los vientos y las ondas no habían podido detener a Jesús. Las muchedumbres no podían bloquearlo. Los soldados romanos no tenían ningún poder sobre él sin su permiso. El Rey Herodes no pudo matarlo cuando él era aún bebé. Y los líderes religiosos no podían silenciarlo. Pero el grito de dos ciegos, dos mendigos solitarios hizo que el Hijo de Dios se detuviera en su andar. ¡Y escuchara!

“Señor, ten misericordia de mi,” es un grito que Dios siempre escucha y por el cual Jesús siempre se detiene y escucha, y nos dice a través de su palabra, “¿Qué quieren que haga por ustedes?”

“Señor,” contestaron, “deseamos nuestra vista.”

Y Jesús, siendo movido por la compasión, tocó sus ojos. Inmediatamente recuperaron la vista y lo siguieron.

“Señor, ten misericordia de mi,” es un grito que Dios siempre escucha y por el cual Jesús siempre se detiene y escucha, y nos dice a través de su palabra, “¿Qué quieren que haga por ustedes?”

Se sugiere la siguiente oración: “Querido Dios, gracias porque los dos ciegos tuvieron el poder de detenerte y tu tuviste el poder de sanarlos. Ayúdame a ver mis necesidades tan profundas y a confesártelas. Ten misericordia de mí y perdona todos mis pecados y concédeme la sanación que mi alma necesita así como el regalo de la vida eterna. Gracias por escuchar y responder a mi oración. Te agradezco. En el nombre de Jesús, amén.”

NOTA: Por mas ayuda lea, “Como saber que es un cristiano autentico” en: http://www.actsweb.org/sp/conocer_a_dios1.php.

1. Mateo 20:29-30 (NVI).