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Radio Cristiana Rio de Dios

Enero 29, 2016

“Confía en el Señor de todo corazón, y no en tu propia inteligencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él allanará tus sendas.“1

Recuerdo a una dama que se quejaba conmigo diciendo en un tono un tanto triste, “no comprendo porque Dios me dio un marido tan terrible.”

¿Quién escogió a tu esposo?

“Dios” dijo ella, totalmente convencida en su mente de que así era.

No había nada que yo pudiese hacer para lograr que esta mujer tan extremadamente infeliz viera que no era Dios quien eligió a su marido, sino ella. Con personas como está es, “no me confundan con los hechos, mi mente ya esta hecha.” O, como va otro dicho/ refrán, “un hombre (o la mujer) convencido en contra de su voluntad todavía está de la misma opinión.”

Según lo dicho antes, la gente infeliz atrae a otra gente infeliz y, si ellos se casan tienen uniones/matrimonios infelices. Lo contrario es también verdad en que la gente feliz atrae a la gente feliz y cuando se casan, ellos tienen una oportunidad mucho mayor de tener un matrimonio feliz. Tiene poco, casi nada que ver con Dios. Tiene que hacer con enfrentar nuestros problemas, resolverlos y madurar.

Por desgracia, algunas personas, como John Powell lo describe, tratan a Dios como si él fuera una gran botella de aspirinas Bayer con la siguiente prescripción: “Tome a Dios tres veces al día y no sentirá ningún dolor.”

No es así. Dios nos dará la sabiduría si la pedimos y nos guiara si se lo pedimos, pero cuando queremos o esperamos que Dios haga por nosotros lo qué necesitamos hacer por nosotros mismos y somos responsables de hacerlo, nos ponemos en una situación en la que nos sentiremos decepcionados de Dios, cuando en realidad, necesitamos estar decepcionados de nosotros mismos.

Para los que dicen, “’Lo siento, pero está es la manera que yo soy… Así era desde el principio, lo soy ahora y lo seré siempre…’ es un lema muy práctico y es una desilusión que podemos tener a la mano si no deseamos crecer y madurar.”2

Se sugiere al siguiente oración: “Querido Dios, por favor ayúdame a ser una persona completa para que mi estilo de vida, mis acciones, mi actitud y mis relaciones con los demás sean responsables y perfectas. Gracias por escuchar y responder a mi oración. Te agradezco. En el nombre de Jesucristo, Amén.”

1. Proverbios 3:5-6.
2. John Powell, Why Am I Afraid to Tell You Who I Am, p. 167. (Sólo en ingles)