Septiembre 17, 2014

1. El Desconcertante Llamado de Dios

Isaías el profeta antiguo escribió, “Entonces oí la voz del Señor que decía: ¿A quién enviaré? ¿Quién irá por nosotros? Y respondí: Aquí estoy. ¡Envíame a mí!”1

Otra cosa con la que luchaba cuando joven era el cómo saber si Dios me estaba llamando para servirle a una capacidad total.

Uno de los mejores consejos que he recibido, lo recibí de Oswald Chambers quien describe el llamado de Dios como “el llamado del mar al marinero. Sólo aquel que tiene la naturaleza del mar dentro de sí puede escuchar el llamado.”

En otras palabras, el hombre que es “llamado” a ser marinero no puede descansar hasta que zarpa al mar – el llamado está en su corazón. Y así es con el llamado de Dios. Uno no puede descansar hasta que él/ella sale de la seguridad de la costa/la orilla y se lanza hacia lo que él/ella cree que es el llamado de Dios

Una buena prueba es: ¿Está preparado para lo que usted crees que es su llamado?  Como regla general, aunque no siempre, los amigos que le conocen bien le pueden ayudar a responder a esta pregunta de forma más realista.

Otra de las pruebas del llamado de Dios es el tratar de hacer lo que usted piensa que es su llamado en forma pequeñas.  Por ejemplo, si siente que su llamado es el ser maestro, aprenda bien una materia y ofrezca el dar una clase pequeña en la iglesia.  Después de practicar verá si está preparado para maestro o no.  Cuando siento que estoy siendo guiado para hacer algo, siempre empiezo en forma pequeña para ponerlo a prueba.  Si falla, entonces sé que no era el llamado de Dios.  Sin embargo, tal vez necesitemos probar nuestros llamados varias veces porque nada que vale la pena nos llega tan fácilmente.

Estén seguros sin embargo, si Dios les ha llamado o los ha guiado, él les ayudará.  Pero también necesitamos hacer nuestra parte.  Una vez que tenemos la seguridad de que Dios nos está llamando, necesitamos estar adecuadamente entrenados para el trabajo para el cual se nos está llamando a hacer. Es verdad, somos instrumentos en las manos de Dios pero es nuestra responsabilidad el mantener el instrumento preparado.

Se sugiere la siguiente oración: “Dios mío, dame el valor para poner a prueba lo que siento que me estas guiando a hacer. Estoy dispuesto a hacer lo que tu deseas que haga … sólo hazlo claro para mí. Gracias por escuchar y responder a mi oración. Te agradezco. En el nombre de Jesús, Amén.”

1. Isaías 6:8 (NVI).

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