Mayo 19, 2015

El Fruto de Una Raíz Muy Profunda

“Quien encubre su pecado jamás prospera; quien lo confiesa y lo deja, halla perdón.”1

Problemas. Nadie es inmune a ellos. Sin embargo, seguido los problemas que vemos no lo son en realidad. Por ejemplo, un problema, ya sea emocional, espiritual o físico, es siempre un síntoma de un problema más a fondo; esto es “El fruto de una raíz muy profunda.” La causa puede ser un problema emocional, espiritual o moral que no ha sido resuelto y el cual se expresa de diferentes formas tales como las siguientes; conflictos en las relaciones, preocupaciones, estrés, ansiedad, insomnio, depresión, adiciones, enfermedades físicas, abuso, etc.

Muchos síntomas físicos pueden ser simbólicos. Por ejemplo, las ulceras pueden ser causadas no tanto por lo que comemos pero por lo que nos está comiendo. Los dolores de cabeza pueden ser causados por guardar rencores en nuestra mente. Los dolores de hombros pueden ser causados porque nos sentimos abrumados por una carga muy pesada. Y si tengo un dolor en el cuello ….

Las confesiones abren la puerta a la recuperación: no solo de los síntomas pero también de las causas.

“Después de que David confesó sus pecados, él dijo; Dichoso aquel a quien se le perdonan sus transgresiones, a quien se le borran sus pecados. Dichoso aquel a quien el Señor no toma en cuenta su maldad y en cuyo espíritu no hay engaño. Mientras guardé silencio, mis huesos se fueron consumiendo por mí gemir de todo el día. Mi fuerza se fue debilitando como al calor del verano, porque día y noche tu mano pesaba sobre mí. Pero te confesé mi pecado, y no te oculté mi maldad. Me dije: Voy a confesar mis transgresiones al Señor y tú perdonaste mi maldad y mi pecado.”2

Un buen ejemplo a seguir.

Se sugiere la siguiente oración: “Querido Dios, aquí están los síntomas en mi vida (sea especifico __________ nómbrelos). Yo te confieso esto. Por favor dame el valor para enfrentar las causas de estas y guíame hacia la ayuda que necesita para resolverlos. Gracias por escuchar y responder a mi oración. Te agradezco. En el nombre de Jesús, amén.”

1. Proverbios 28:13.
2. Salmos 32:1–5.