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Radio Cristiana Rio de Dios

Agosto 28, 2014

1. El juego de la culpa

“¿O como dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, cuando está la viga en el ojo tuyo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano.”1

He trabajado por varios años con grupos de recuperación del divorcio y relaciones. Y repetidamente me he encontrado con que un gran porcentaje de las personas que han pasado por el divorcio o están en relaciones  conflictivas culpan primariamente a la otra persona por el rompimiento de la relación.

A muchos de nosotros no nos gusta esto pero la realidad  es que no hay nadie inocente en ningún divorcio o rompimiento. Ambos están contribuyendo algo aún si ese algo es el ser muy pasivo, muy débil, muy sumiso, el no tener límites saludables, ser inmaduro, ser muy dependiente o codependiente, etc., etc. 

Una dama con la que salí hace muchos años me dijo, “¿Ricardo, estas enojado conmigo porque me he divorciado tres veces?”

Le respondí, “¿Enojado? No. ¿Asustado? ¡Sí!”

Ella respondió, “todos ellos eran unos imbéciles.”

¿Entonces porque te casaste con ellos? Le pregunté.

En realidad estamos tan sanos o tan enfermos como las personas que nos atraen —románticamente en especial. Podemos decir mucho sobre nosotros mismos por las personas que nos atraen. Si deseamos tener relaciones buenas, necesitamos ver lo que hemos contribuido a cualquier conflicto en las relaciones del pasado y hacer lo que sea necesario para ser personas sanas. Sólo las personas sanas encuentran y tienen relaciones sanas.

Nuestros conflictos pueden ser una llamada de Dios para motivarnos a tomar control de nuestras vidas, enfrentar nuestros problemas de personalidad, hacernos responsables de vencer nuestras debilidades y crecer para convertirnos en personas sanas.

No estaremos bien, mientras juguemos el juego de la culpa y culpemos a otros por nuestros problemas.

Se sugiere al siguiente oración: “Dios mío, ayúdame a nunca jugar al juego de la culpa,  pero en cada conflicto ayúdame a ver exactamente qué es lo que estoy contribuyendo a la situación, y guíame hacia la ayuda que necesito para superar mis debilidades. Gracias por escuchar y responder a mi oración.  De todo corazón en el nombre de Jesús, amén.”

1. Mateo 7:4-5 (NIV).