Diciembre 29, 2014

El Poder de la Oración

“Y ahora, SEÑOR y Dios, reafirma para siempre la promesa que les has hecho a tu siervo y a su dinastía. Cumple tu palabra.”1

El rey David creía en la oración como lo hicieron los hombres y mujeres de Dios en la Biblia.  Jesús mismo practica la oración y nos recuerda de su importancia. Pablo también predicó la importancia de la oración como lo hace cualquier otro seguidor de Jesús.

Dios desea que oremos sin cesar. ¿Por qué? Porque él desea que estemos conectados a él y al hacerlo estar en comunión constante con él. Él nos anima a buscar la sabiduría y la dirección que él ha prometido a aquellos que se han comprometido y han puesto su confianza en él.

Para obtener respuesta a nuestras oraciones debemos orar por los motivos correctos, con un corazón agradecido, en fe creyendo que Dios responderá a nuestras oraciones, y con persistencia. 

También necesitamos orar con el conocimiento de las promesas de Dios—lo que él hará y lo que no. El siempre quiere lo que es lo mejor para nosotros así que es muy importante orar en armonía con su voluntad la que encontramos en su Palabra, la Biblia.   

Una de la muchas promesas de Dios que yo aprecio particularmente es también de David: “Cercano está Dios a todos los que le invocan, a todos los que le invocan de veras.  Cumplirá el deseo de los que le temen; Oirá asimismo el clamor de ellos, y los salvará. Dios guarda a todos los que le aman.”2

Se sugiere la siguiente oración: “Querido Dios, que sea la forma en que vivo, los deseos de mi corazón y mis oraciones siempre en armonía con tu voluntad para que tú hagas lo que has prometido y concederme los deseos de mi corazón. Te agradezco. En el nombre de Jesús, amén.”

1. 2 Samuel 7:25, (NVI).
2. Salmos 145:18-20.

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