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Radio Cristiana Rio de Dios

Nosotros no podemos estar bien salvos si el reino de Dios no está bien establecido. Puede que esta afirmación luzca como una contradicción y necedad de nuestra parte, pero lo digo entendiendo que si Dios no está en el centro, nosotros no estamos bien, ni nadie ni nada estará seguro. Por eso el diablo quiso atentar contra Dios y su gobierno, dándole un golpe de estado y quitándolo del centro de la vida del hombre, pues sabe que sólo así puede traer caos y anarquía a la tierra, como lo hizo. Sin Dios en su trono se cae todo y se entra en un estado de confusión donde el diablo puede hurtar, matar y destruir (Juan 10:10) que es su única y sola intención.

Claro, Dios es Dios, y solo suyo es el reino, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor, porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son de él. ¡Él es excelso sobre todos! (1 Crónicas 29:11). Su mano es poderosa y su brazo extendido no se ha acortado, si lo quisiera en un segundo acabaría con todo y establecería su voluntad agradable y perfecta. «Porque ¿quién es Dios sino sólo Jehová? ¿Y qué roca hay fuera de nuestro Dios?» (Salmos 18:31). Mas a nuestro Señor le ha placido realizar la redención de otra manera, pues no retiene para siempre su ira, sino se deleita en su misericordia (Miqueas 7:18). Reconozco su majestad y digo como Salomón: «He entendido que todo lo que Dios hace será perpetuo; sobre aquello no se añadirá, ni de ello se disminuirá» (Eclesiastés 3:14).

No obstante, a lo que nos referimos cuando hablamos de la final centralización de Dios y del restablecimiento de su señorío en el cielo y en la tierra es a lo mismo que él se refirió cuando prometió un Mesías, como está escrito: «Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla, y toda lengua confesará a Dios» (Romanos 14:11). Así que la Biblia dice que cuando Cristo vino a la tierra vino a buscar y a salvar lo que se había perdido (Lucas 19:10). En el contexto está hablando de nosotros—no voy a negar eso— pero lo que estoy diciendo es que antes de que el hombre se perdiera, en el cielo se perdió algo, y restaurando lo que se perdió en el cielo se restaurará lo que se perdió en la tierra.

Estamos acostumbrados siempre a ver el efecto de las cosas y no las causas que las originan. Constantemente se combaten las enfermedades batallando contra los síntomas, pero el que hace tal cosa jamás va a tener éxito, porque combatir los síntomas puede que mejore la enfermedad, pero no la cura. Por eso el solo sabio Dios obró la redención. Esto no fue algo somero ni pasajero, ya que la redención comenzó en la eternidad en la mente de Dios, cuando Él se percató mirando en su presciencia de lo que iba a acontecer después de generada la iniquidad y multiplicada la maldad en el corazón del hombre. Dios hizo un plan, con el cual estaba asegurando no solamente la preeminencia de su dominio, sino la seguridad y preservación de su santo universo. Por lo tanto, el remedio de la cruz no fue para combatir síntomas, sino deshacer causas.

 

Tomado del libro “Para que Dios sea el Todo en todos” del pastor Juan Radhamés Fernández.

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