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Radio Cristiana Rio de Dios

Noviembre 11, 2014

Eligiendo Confiar 

“Cuando siento miedo, pongo en ti mi confianza. Confío en Dios y alabo su palabra; confío en Dios y no siento miedo. ¿Qué puede hacerme un simple mortal?”1

Cuando ella miro hacia el frente, todo lo que Florence Chadwick vio fue una solida pared de neblina. Su cuerpo estaba entumido. Ella llevaba cerca de dieciséis horas nadando.

“Ya era la primera mujer en nadar el Canal de la Mancha en ambas direcciones. Ahora a la edad de 34 años, su meta era la de convertirse en la primera mujer en nadar de la Isla Catalina a la costa de California.

En esa mañana del Cuatro de Julio de 1952, el mar estaba como un baño helado y la neblina era tan densa que ella apenas y podía ver las naves de apoyo. Los tiburones nadaban hacia la figura solitaria solo para ser alejados con disparos de rifles. Ella lucho—hora tras hora—en contra del frígido mar, mientras que millones la observaban por televisión.

Al lado de Florence en uno de los botes, su madre y su entrenador le ofrecían su apoyo. Le decían que no le faltaba mucho. Pero todo lo que ella podía ver era la neblina. Ellos le pedían que no se diera por vencida. Nunca lo había hecho … hasta entonces. Solo le faltaba media milla cuando ella pidió que la sacaran del agua.

“Horas después y aún tratando de calentar su cuerpo, ella le dijo a un reportero, “Mira no estoy tratando de hacer excusas, pero de haber podido ver la costa no me hubiese dado por vencida.” No fue la fatiga o aún el frío lo que la derrotó. Fue la neblina. Ella no era capaz de ver su meta.

“Dos meses después, lo intentó de nuevo. En esta ocasión y a pesar de la misma densa neblina, ella nadó con su fe intacta y su meta clara en su mente. Ella sabía que en algún lugar detrás de la neblina se encontraba la costa y en esta ocasión lo logró. Florence Chadwick se convirtió en la primera mujer en nadar el canal de Catalina, con solo 2 horas de diferencia del record de los hombres.”2

Se sugiere la siguiente oración: “Querido Dios, ayúdame cuando me encuentro en la neblina y no encuentro mi camino, y tengo miedo, a confiar en ti sin importar lo que sea—porque sé que tú nunca me abandonaras o me olvidaras. Gracias por escuchar y responder a mi oración. Te agradezco. En el nombre de Jesús, Amén.”

1. Rey David (Salmos 56:3-4,11).
2. De autor desconocido. Tomado del libro “A 2nd Helping of Chicken Soup for the Soul.” (c) 1995 de Jack Canfield y Mark Victor Hansen.