Febrero 04, 2016

Escuchen

“Quédense quietos, reconozcan que yo soy Dios. ¡Yo seré exaltado entre las naciones! ¡Yo seré enaltecido en la tierra!”1

He leído como, en el pasado, las personas usaban neveras artificiales (casas) en orden de poder preservar sus alimentos. Leí sobre como un hombre perdió su reloj de bolsillo mientras trabajaba en una de estas neveras. El buscó diligentemente buscando entre todo el aserrín en el piso—pero no lo encontró. Sus compañeros de trabajo tampoco lo pudieron encontrar.

Un niño que quería saber de qué se trataba todo el alboroto fue a la nevera, cerró la puerta y en pocos minutos salió con el reloj en la mano.

“¿Cómo lo lograste?” le preguntaron los hombres.

“Cerré la puerta,” contestó el niño, me acosté y puse mi oído en el aserrín que está en el suelo y me quede muy quieto. Pronto pude escuchar el tic tac del reloj.”2

Muchas personas preguntan, “¿Dios aún le habla a las personas en la actualidad?” ¿Y como sabré si Dios me habla?”

En realidad Dios nos habla en una infinidad de formas. Pero a menos que estemos quietos (por) un buen tiempo y escuchemos con nuestro corazón, podemos nunca oírlo. Dios tal vez no hable en una voz audible pero él “nos habla” muy específicamente con su palabra, la biblia. Pero necesitamos leerla y estudiarla para comprender su mensaje. Y Dios nos “grita” a través de la creación. Como su palabra, la Biblia, lo dice, “los cielos declaran la gloria de Dios; los cielos proclaman el trabajo de sus manos. Día tras día vierten sus alabanzas; noche tras noche muestran su conocimiento. No hay discurso o lengua donde su voz no se escuche. Su voz sale en toda la tierra, sus palabras llegan a todos los extremos del mundo.”3

Dios también nos habla a través de varias circunstancias. Desafortunadamente, algunos de nosotros no nos detenemos a escuchar sino hasta que una crisis nos golpea y nos hace disminuir el paso y examinar nuestra vida.

Básicamente, sin embargo, en vida vemos lo que deseamos ver, escuchamos solo lo que deseamos escuchar, y prestamos atención solo a lo que deseamos prestar atención. El escuchar la voz de Dios es una opción. Si en verdad deseamos escucharla, lo haremos.

Se sugiere la siguiente oración: “Querido Dios, gracias por haberte revelado claramente a la humanidad especialmente a través de tu Palabra, la Biblia, y a través de tu creación. Por favor ayúdame a disminuir el paso y a escuchar con mi corazón a lo que me estás diciendo. Ayúdame a no solo escuchar, pero también a obedecer. Gracias por escuchar y responder a mi oración. Te agradezco. En el nombre de Jesús, amén.”

1.  Salmos 46:10 (NVI).
2. Historia tomada de “Directions” de James Hamilton.
3.  Salmos 91:1-4 (NVI).