Diciembre 02, 2014

Fracasar no es Darse por Vencido

“Dios… nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que nosotros podamos consolar a los que están en cualquier tribulación.”1

En su libro Empezando de nuevo, Terri Hershey escribió, “Dios no solo nos dice que el fracaso nunca es la palabra final, pero que tus áreas de debilidad se convertirán en tus áreas de fortaleza. Donde tú eras débil y aprendiste la gracia se convertirá en el camino por el cual tú podrás tocar las vidas de otros que necesitan buenas noticias.

“Dios no solo está trabajando en sanarte, pero también en sanar a otros a través de ti, en convertirte en lo que Henri Nouwen llama sanador de heridas.”

“Tal curación no pasa a través del hombre o mujer que tiene todas las respuestas. Pasa a través del hombre o mujer que conoce el dolor y la gracia. Nouwen explica, el comprender a fondo su propio dolor hace posible que [el sanador de heridas] pueda convertir sus debilidades en fortaleza y pueda ofrecer su experiencia como una fuente de salud para aquellos que se sienten perdidos en la oscuridad de un sufrimiento mal comprendido.”

Creo que fue Ernesto Hemingway el primero en usar la frase, “Sacando fortaleza de nuestras heridas.” La idea detrás de estas palabras es que la parte por donde se quiebra un hueso y después sana, se convierte en la parte más fuerte del hueso.

Lo mismo es verdad para nosotros—donde hemos sido lastimados, hemos fracasado o caído. Cuando le llevamos todo a Dios para que nos sane, su fortaleza se hace perfecta en y a través de nuestras debilidades. Esto es verdaderamente cierto en un ministerio efectivo hacia otras personas. Ellos se ayudan, no a través de nuestra brillante lógica o nuestro mensaje persuasivo, pero a través del compartir nuestros sufrimientos, y como, con la ayuda de Dios, los hemos superado. Es el caso de un necesitado mostrándole a otro necesitado dónde encontrar el pan.

Se sugiere la siguientes oración, “Querido Dios, por favor sana todas mis partes rotas, y úsame para sanar a otros que han caído, han sido lastimados, heridos o tienen roto el corazón. Gracias por escucharme y responder a mi oración. Te agradezco. En el nombre de Jesús, amen.”

1. 2 Corintios 1:4.

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