Septiembre 05, 2014

1. Haciendo lo Mejor que se Puede con lo que Se Tiene

“Entonces el SEÑOR dijo a Moisés, ¿Qué es eso que tienes en la mano?”1

En Noviembre 18, 1995, el violinista Itzhak Perlman tocó en un concierto en el Salón Avery Fisher en el Lincoln Center en la ciudad de Nueva York. Itzhak sufrió de polio cuando era pequeño; tenía aparatos en ambas piernas y usaba muletas para caminar, así que salir al escenario era toda una tarea.

Acababa de iniciar su concierto cuando una de las cuerdas en su violín se rompió. El ruido fue tan fuerte que la audiencia no tuvo dudas sobre lo que acababa de pasar. En vez del arduo trabajo que tomaria salir del escenario para cambiar la cuerda o tomar otro violín, Itzhak esperó un momento, cerró los ojos e hizo una señal al conductor de la orquestra para que iniciara. La orquestra dio inicio, y él empezó a tocar desde donde se había quedado. Y él tocó con tal pasión, poder y pureza como jamás se había escuchado. Claro, todos sabemos que es imposible tocar una pieza sinfónica con solo tres cuerdas. Yo lo sé y usted lo sabe, pero esa noche Itzhak Perlman se rehusó a comprenderlo. Se podía ver su modulación, cambiando y recomponiendo la pieza en su mente…

“Cuando terminó, había un silencio asombroso en la sala. Y después la audiencia se puso de pie y le aplaudió. Fue una extraordinaria explosión de aplausos desde cada esquina del auditorio. Todos estábamos de pie, gritando, haciendo todo lo que podíamos para mostrar nuestra apreciación por lo que había hecho. El sonrió, limpió el sudor de su rostro, levantó el arco del violín para indicarnos que guardáramos silencio, y entonces nos dijo de una manera discreta y con un tono pensativo y reverente, “Saben, muchas veces es el trabajo del artista descubrir cuanta música puede hacer aun con lo que le queda.”2

Se sugiere la siguiente oración: “Amado Dios, por favor ayúdame a darle a mi vida lo mejor de mí con lo que tengo y usarlo con la mejor de mis habilidades para tu gloria—y a no preocuparme por lo que no tengo. Gracias por escucharme y responder a mi oración. Te agradezco. En el nombre de Jesús, amen.

1. Éxodo 4:2 (NVI).
2. Jack Riemer, the Houston Chronicle.

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