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Radio Cristiana Rio de Dios

1 Samuel 16:1 “Dijo Jehová a Samuel: ¿Hasta cuándo llorarás a Saúl, habiéndolo yo desechado para que no reine sobre Israel? Llena tu cuerno de aceite, y ven, te enviaré a Isaí de Belén, porque de sus hijos me he provisto de rey.”

En este primer versículo del capitulo 16 vemos al gran profeta de Dios, lamentándose por la situación que la nación de Israel esta atravesando en ese momento.  El texto hebreo da a indicar que había pasado un tiempo prolongado de lamento y tristeza debido al hecho que Dios había rechazado a Saúl como rey.  Esto sin duda afectó profundamente el corazón del gran profeta, ya que él era quien lo había ungido como rey. Sin lugar a duda también Samuel sabia que al haber un cambio de dinastía, eso representaba un tiempo de conflicto, guerra y sufrimiento para la nación de Israel.  El establecimiento de un nuevo rey era de suprema importancia para Dios y para el plan que Él tenia con el pueblo de Israel. Pero no fue fácil para el profeta Samuel aceptar la voluntad de Dios,  así también para nosotros; no es fácil aceptar la voluntad de Dios.

Para nosotros que estamos viviendo la experiencia cristiana a veces nos encontramos entre la espada y la pared queriendo aferrarnos al pasado y a la misma vez al futuro. La biblia dice: en Marcos 2:22 que nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo rompe los odres, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar. Esto quiere decir; que nosotros como cristianos tenemos que dejar atrás el pasado y poner nuestra mirada en lo que esta por delante. El Apóstol Pablo lo dijo de esta manera: en Filipenses 3:13-14; Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago; olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.

Cuantas veces nosotros como cristianos queremos llorar por una situacion que esta fuera de nuestro control o que no podemos cambiar.  Cuantas horas perdemos preocupandonos por cosas que no podemos cambiar. Es tiempo que nosotros como pueblo de Dios nos acerquemos a Dios con corazon sincero pidiendole a el que nos ayude hacer su voluntad.  Por eso el creyente debe de pelear la buena batalla de la fe y mantener la mira en Jesucristo, el autor y consumador de nuestra fe.  Dios tiene cosas grandes para su pueblo, pero Él quiere un pueblo sujeto a su voluntad, dispuestos hacer lo que Él quiere, y así de esa manera, poder cumplir el propósito que Dios tiene con cada uno de nosotros.

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