Octubre 30, 2014

La Perseverancia Paga

“No nos cansemos, pues, de hacer el bien, porque a su tiempo cosecharemos, si no desfallecemos.”1

Si Tomas Edison no hubiese sido un hombre de fe, perseverante y con determinación, tal vez aun estaríamos trabajando con lámparas de gas o por lo menos, hubiesen pasado muchos años antes de ver la primera luz eléctrica.

Se reporta que Edison falló en más de 6,000 intentos antes de perfeccionar el primer foco o bombilla eléctrica.

En una ocasión un joven reportero retó a Edison diciéndole, “¿Sr. Edison, porque sigue intentando hacer luz usando electricidad cuando a fracasado tantas veces? ¿No sabe que las bombillas de gas están aquí para quedarse?

A esto Edison respondió, “¡Joven no sé da cuenta de que no he fallado pero que he tenido éxito al descubrir seis mil maneras que no funcionarán!”

Ya que Edison creía que la luz eléctrica era posible, se rehusó a darse por vencido. Intentó con infinidad de materiales diferentes en su búsqueda por un filamento que funcionara. Envió hombres a China, Japón, América del Sur, Asia, Jamaica, Ceilán (ahora Sri Lanka), y Birmania a buscar fibras para probarlas en su laboratorio —sin resultado alguno.

El 21 de octubre de 1879, después de trece meses de repetidos fracasos, finalmente Edison tuvo éxito al encontrar un filamento que funcionó. Al estar experimentando, una idea llegó a su mente, “¿Porque no intentarlo con fibra de algodón carbonizado?” Después de usar dos carretes de algodón, pudo finalmente lograr la fibra perfecta solo para que se quebrara al tratar de colocarla en un tubo de cristal. Aún así persevero en su idea por dos días y sus noches sin dormir. Finalmente tuvo éxito y colocó el hilo en una bombilla. ¡Funcionó!

Se sugiere la siguiente oración: “Querido Dios, gracias por tener una misión para mi vida. Dame el discernimiento para saber lo que es, la fe para creer que me ayudaras, el valor para intentar hacerlo, y la perseverancia para mantenerme firme y no caer hasta que mi trabajo este terminado. Gracias por escuchar y responder a mi oración. Te agradezco. En el nombre de Jesús, Amén.”

1. San Pablo (Gálatas 6:9).