Noviembre 10, 2015

Libres de culpa y vergüenza

“Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.”1

La vergüenza es similar a la culpabilidad falsa en que es causada en gran parte por alguien que “nos avergonzó” especialmente cuando éramos jóvenes. Es decir, siempre que hicimos algo mal, recibimos el mensaje (verbal o non-verbal), “que vergüenza contigo.” “Eres una mala persona.” “! Me decepcionas!” “Estoy tan avergonzado de ti” etc., etc.

Tales críticas perjudican psicológicamente. Especialmente si la persona es constantemente puesta en ridículo desde la niñez.

La culpabilidad verdadera dice HAS HECHO algo grave pero la vergüenza dice que ERES malo. Si una persona llega a creer que él o ella es una mala persona, él/ella actuará de forma incorrecta. En a vida real no siempre actuamos de manera consistente con lo que profesamos, pero siempre actuamos con consistencia con lo que creemos. Así que si creemos que somos malas personas, esa es la manera en que actuaremos.

¡Al disciplinar a nuestros niños y enfrentar otra persona que ha actuado “mal,” necesitamos “condenar” el acto NO a la persona! Ejemplo: “Te amo pero lo qué has hecho [nombre el acto] me hace sentir molesta y/o muy decepcionada”

Necesitamos la ayuda de Dios para aprender a tratar a los demás en la manera en que Dios nos trata. Mientras que él odia nuestros pecados porque destruyen a los que él ama (nosotros), él ama al pecador y no nos condena o avergüenza. La vergüenza y la culpabilidad falsa nunca vienen de Dios. Son creadas por los hombres.

Afortunadamente con Dios, “ahora no hay por lo tanto condenación para los que estén en Cristo Jesús.”2 Cuando confesamos nuestros pecados a Dios y pedimos su perdón, y pedimos a su hijo, Jesucristo, que entre en nuestros corazones y vidas como nuestro Señor y Salvador personal, Dios nos perdona completamente y nos ama totalmente. Les recuerdo de nuevo, la culpabilidad y la vergüenza nunca vienen de Dios.

Se sugiere la siguiente oración: “Querido Dios, gracias por amarme sin importar lo qué he hecho o no he podido hacer. Perdona por favor todos mis pecados y, Señor Jesús, entra por favor en mi corazón y vida para ser mi Señor y Salvador personal. Ayúdame por favor a perdonarme a mí mismo y a superar toda la culpabilidad y la vergüenza falsas y ayúdame a nunca avergonzar a los demás. Gracias por escuchar y responder a mi oración. Te agradezco. En el nombre de Jesús, Amén.”

NOTA: Si usted oró y pidió a Dios por el perdón y pidió a Jesús que entre en su corazón y en su vida, por favor déjenoslo saber visitando:http://www.actsweb.org/sp/decision_sp.php.

Para más información, oprima http://www.actsweb.org/sp/conocer_a_dios1.phppara leer el artículo “Como estar seguro de ser cristiano—sin ser religioso.”

1. Jesús (Juan 3:17, NVI).
2. El apóstol Pablo (Romanos 8:1).