Septiembre 26, 2014

1. No Me lo Digas … Muéstrame

“Si me aman guarden mis mandamientos.”1

“En una ocasión un hombre de negocios le dijo a Mark Twain, “Antes de morir quiero hacer planes para visitar Jerusalén.  Escalaré Monte Sinai y desde la cima leeré en voz alta los Diez Mandamientos.”   

“Tengo una mejor idea,” contesto Mark Twain, “Quédate en casa y practícalos.”

Habla no cuesta nada. Son nuestras acciones las que cuentan—no lo que decimos—y cuando nuestras palabras no reflejan nuestras acciones, somos, como lo dijo el Apóstol Pablo, una vasija vacía y ornamentos.

Una de las mejores lecciones que recibí de uno de mis maestros eran los comentarios que parecían disfrutar al escribirlos con letras resaltadas en rojo en varias de mis tareas. Simplemente escribía, “¡No me lo digas, muéstramelo!

Nunca he olvidado esa lección. En realidad aplica a todas las lecciones sobre la vida que deseamos impartir a los demás—especialmente a nuestros hijos. Sea lo que sea que deseamos enseñar a los demás necesitamos ser un modelo antes de causar un impacto duradero en los demás, de otra manera lo que decimos no tiene credibilidad y al final del camino a la única persona a la que engañamos es a nosotros mismos.  

Como regla general, aquello que nosotros mismos necesitamos aprender es lo que enseñamos mejor.  ¿Y el lugar donde debemos de empezar a modelar lo que deseamos enseñar? ¡El hogar!

Se sugiere la siguiente oración; Dios mío, ayúdame a modelar el tipo de persona que tu quieres que sea … un mejor padre/madre/hijo … amigo … compañero … socio … y cristiano para que la gente vea lo que has hecho en mi vida y deseen lo mismo para ellos. Gracias por escuchar y responder a mi oración. Te agradezco. En el nombre de Jesús, amén.

1. Juan 14:15.

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