Octubre 12, 2015

1. Nunca demasiado Viejo

“Aquí estoy este día con mis ochenta y cinco años y todavía mantengo la misma fortaleza que tenía el día en que Moisés me envió. Para la batalla tengo las mismas energías que tenía entonces. Dame, pues, la región montañosa que el Señor me prometió en esa ocasión. Desde ese día, tú bien sabes que los anaceos habitan allí, y que sus ciudades son enormes y fortificadas. Sin embargo, con la ayuda del Señor los expulsaré de ese territorio, tal como él ha prometido.”1

Nunca estamos demasiado viejos para servir al SEÑOR. Cuarenta y cinco años antes Caleb había sido uno de los espías que Moisés envió a espiar la tierra prometida y uno de los dos que regresaron con un gran reporte. A los ochenta y cinco aún deseaba servir al SEÑOR.

En verdad, las personas llegaban a edades más avanzadas en aquellos tiempos pero no importa qué edad tengamos (excepto por circunstancias extenuantes), nunca estamos lo suficientemente grandes para servir a Dios—aún si lo único que podemos hacer es orar.

De acuerdo con Today in the World, Cervantes terminó Don Quijote cuando él ya contaba con 70 años de edad. Clara Barton, fundó la asociación de la Cruz Roja de América a los 59. Goethe terminó a los 82 el dramático poema ‘Fausto’. Verdi compuso Otelo a los 73, y ‘Falstaff’ al final de sus setentas. Benjamín Disraeli se convirtió en el Primer Ministro de Inglaterra por segunda vez a los 70 años de edad.

Cuando se trata de alcanzar algo que vale la pena (especialmente el servir a Dios) es la disponibilidad—no la edad—lo que cuenta.

Se sugiere la siguiente oración: “Querido Dios, estoy disponible, por favor úsame de alguna manera todos los días para ser parte de lo que haces en el mundo el día de hoy. Gracias por escuchar y responder a mi oración. Te agradezco. En el nombre de Jesús, Amén.”

1. Josué 14:10-12 (NVI).