Julio 17, 2015

Orando la oración correcta

“Desean algo y no lo consiguen. Matan y sienten envidia, y no pueden obtener lo que quieren. Riñen y se hacen la guerra. No tienen, porque no piden. Y cuando piden, no reciben porque piden con malas intenciones, para satisfacer sus propias pasiones.”1

Una razón por la que no recibimos respuesta a nuestras oraciones es porque estamos usando la oración equivocada. No necesariamente porque sea un motivo equivocado, pero porque nos enfocamos en los síntomas en vez de en la causa de los problemas o enfermedades.

Hay un himno muy conocido que dice, “O que carga tan innecesaria llevamos, todo por no llevársela a Dios en oración.” Tambien podemos cantar, “O que carga tan innecesaria llevamos, todo por no orar la oración correcta.”

Por ejemplo, si tengo una ulcera estomacal o un dolor de cabeza, tengo al tendencia de pedirle a Dios que me alivie de la ulcera o del dolor de cabeza. Esto es lo que quiero decir con enfocar nuestra oración en los síntomas. Mientras que algunas ulceras tienen una causa biológica, algunas son causadas no por lo que comemos pero por lo que nos está comiendo y entonces lo que como agrava el problema. Nunca he tenido una ulcera y raramente tengo dolores de cabeza, pero cuando llego a tenerlos, es usualmente porque estoy molesto o frustrado por algo.

Si le voy a pedir a Dios que lo cure, necesito admitir no solo los síntomas, pero también pedirle que me dé una percepción clara para ver, y el valor para enfrentar cualquier cosa en mi vida que me este causando o este contribuyendo a mi enfermedad, y entonces pedirle que me guie hacia a la ayuda que necesito para resolverlo.

No es realista el pedir a Dios que cure mis síntomas si yo no los enfrento y trato de solucionar las causas. Es posible, sin embargo, el cambiar un síntoma por otro porque si no solucionamos la causa de nuestro problema, con el tiempo volverá a salir de alguna forma—probablemente algo peor.

Recuerdo haber escuchado a un hombre decir que en el momento en que él se hizo cristiano, Dios lo liberó del alcoholismo. Tal vez él dejo de tomar pero era obvio que ahora él era una persona encolerizada, lo que muy posiblemente fue un factor que contribuyó a su alcoholismo.

Este principio aplica no solo a las enfermedades físicas pero también a muchos otros problemas. Yo aprendí esta lección de una manera muy difícil. Después de varios años de tratar de resolver una situación muy frustrante en la que estaba, le pedía a Dios que me diera el valor para enfrentar la realidad de lo que yo estaba contribuyendo al problema. En dos semanas, yo sabía exactamente lo que tenía que hacer, lo cual al hacerlo resolvió mi parte del problema.

Se sugiere la siguiente oración: “Querido Dios, con cada problema, enfermedad, conflicto y reto que enfrento ayúdame a orar con las palabras correctas y ver que causas existen detrás de mi enfermedad o problema y que es lo que yo estoy contribuyendo a la situación. Ayúdame a resolver las causas que pueda haber para que pueda abrir el camino para que me liberes y sanes. Gracias por escuchar y responder a mi oración. Te agradezco. En el nombre de Jesús, Amén.”

1. Santiago 4:2-3 (NVI).