Enero 29, 2015

Porque la Tentación es Parecida a un Helado

“Ustedes no han sufrido ninguna tentación que no sea común al género humano. Pero Dios es fiel, y no permitirá que ustedes sean tentados más allá de lo que puedan aguantar. Más bien, cuando llegue la tentación, él les dará también una salida a fin de que puedan resistir.”1

Nelson Searcy nos dice sobre un estudio que fue conducido sobre el mejor helado. Se les cubrió los ojos a los participantes y se les dio a probar toda clase de helado de vainilla—helado de marcas reconocidas, helado gastronómico, helado hecho en casa, helado barato y otros tantos más.

No importó si era gastronómico, de marca, o helado hecho en casa, “el factor determinante número uno era el porcentaje de grasa en el helado. Es decir entre más grande el contenido de grasa en el helado más le gustó a los participantes.”

Como lo mencionó Searcy, “¿no es esa una de las ironías de la vida? ¿Por qué no puede el pollo frito, que es mi alimento preferido, ser tan bueno para usted como la manzana? Nunca he oído que un doctor diga—‘Una pierna de pollo frito al día mantendrá al doctor alejado.’ La razón por la que no lo dicen es porque si usted desayunara pollo frito cada mañana, probablemente mantendría al doctor muy cerca de usted ya que sus niveles de colesterol serían altísimos. En conjetura creo que tendré que conformarme con las manzanas.”2

¿Y a quién no le gusta un buen helado? Cuando niños solíamos incluso verter crema pura sobre nuestro helado. ¡Era delicioso! No teníamos idea alguna de lo dañino que era.

La tentación, también, puede tener una atracción que nos domina y nos llama. Puede mirarse fabuloso y al principio tener un sabor muy invitante—pero a largo plazo sus efectos son mortales. Esto me recuerda sobre un hermoso pez que se encuentra en la Gran Barrera de Coral en Australia. Es muy pequeño pero su picadura es increíblemente dolorosa. Necesita ser evitado a toda costa. Es igual con el pecado. No importa que tan atractivo parezca, su resultado final es mortal así que necesitamos evitarlo a toda costa. Como Searcy dijo, “cuando caemos en la tentación, lo lamentaremos siempre porque a la larga dejamos ir algo bueno por una satisfacción inmediata.”2

Se sugiere la siguiente oración: “Querido Dios, por favor ayúdame a recodar que mientras que la tentación del pecado puede ser muy atractiva, siempre nos paga con dividendos destructivos. A través de tu espíritu por favor dame la fortaleza para resistir los señuelos del mal—y el sentido común para siempre depender en ti  y no intentar luchar contra el con mi propia fuerza. Gracias por escuchar y responder a mi oración. Te agradezo. En el nombre de Jesús, Amén.”

1. 1 Corintios 10:13 (NVI).
2. Nelson Searcy, Fuente KneEmail. kneemail-subscribe@welovegod.org.

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