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Radio Cristiana Rio de Dios

Agosto 26, 2014

1. Sanando las heridas de la Vida

Jesús preguntó, ¿Quieres quedar sano?”1

He leído que si se atrapan moscas en un frasco con hoyos en la tapa, ellas volaran frenéticamente alrededor, golpeándose contra la tapa, tratando desesperadamente de escapar de su prisión. Si se les deja allí el tiempo suficiente, eventualmente dejaran de golpear la tapa. Después, si se remueve la tapa ellas no trataran de escapar. De alguna manera han sido condicionadas a “sentir y creer” que no hay escape. Sólo continúan volando alrededor del frasco.

Muchas personas son así. En algún momento del pasado, a través de una experiencia que los atemorizo y traumo, tal como el haber sido violados, abusados física, sexual o mentalmente o haber sido rechazados de niños, ellos han sido condicionados a creer en un nivel subconsciente que ellos también están atrapados y que no hay manera de salir de su dilema. Y ellos terminan yendo en círculos en su vida y en sus relaciones.

Para poder salir de este círculo de derrota, aquellos quienes hemos sido abusados necesitamos el toque de sanación de Dios—y desearlo con todo el corazón. Como regla general Dios usa a otras personas para ayudarnos a sanar nuestras heridas.  Todo inicia al reconocer nuestros problemas (algunas veces ignorados por los síntomas que experimentamos), el querer de forma genuina sanar, el estar dispuestos a enfrentar la agonía que representa el confrontar estas memorias tan dolorosas y buscar al ayuda que necesitamos (por lo regular se necesita de un consejero calificado). Más importante que todo lo demás es el iniciarlo con una oración correcta  como la siguiente:

Se sugiere al siguiente oración: “Dios mío, gracias por preocuparte por mi dolor y por como he sido lastimado en el pasado. Por muchos años mi vida ha sido un caos y he fallado miserablemente en mis relaciones. Por favor dame el  valor para enfrentar mis recuerdos, conectarme con ellos y sacarlos a la luz para que los sanes. Por favor guíame hacia la ayuda que tal vez necesite sea la ayuda que sea. Gracias por escuchar y responder a mi oración. De todo corazón en el nombre de Jesús, amén.”

1. Juan 5:6.

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