Agosto 04, 2015

Se puede hacer

“Ámense los unos a los otros con amor fraternal, respetándose y honrándose mutuamente.”1

Hace varios años un joven lleno de energía empezó a trabajar como cajero en una ferretería. Como muchas ferreterías antiguas, el inventario incluía miles de dólares en mercancía que era obsoleta o que se vendían raramente.

El joven era lo suficientemente inteligente para saber que un negocio no podía prosperar llevando un inventario como este y poder aún así mostrar réditos/ganancias. El propuso una venta para deshacerse de todo esto. El dueño no estaba muy seguro pero acepto reluctantemente a que el joven pusiera una mesa en el centro de la tienda y tratara de vender algunos de los viejos artículos. Todos los productos fueron marcados a diez centavos. La venta fue todo un éxito y al joven se le permitió hacerlo una vez más.

Esta, también, tuvo tan buen resultado como la primera. Esto le dio al joven una idea. ¿Porqué no abrir una tienda que vendiese solamente artículos a cinco y diez centavos? El podría manejar la tienda y su jefe le supliría con el material.

Su jefe no estaba muy entusiasmado. “el plan no funcionará” fue la respuesta de su jefe, “porque no se pueden encontrar los artículos suficientes para venderlos por cinco o diez centavos.” El joven estaba desilusionado pero eventualmente decidió hacerlo por si mismo e hizo una fortuna gracias a esta idea. Su nombre era F.W. Woolworth.

Años después su antiguo jefe se lamentaba, “por lo que puedo figurar, cada palabra que use para desilusionarlo me ha costado un millo de dólares.”2

Una de las formas más antiguas de matar el entusiasmo es; “No se puede hacer.” Pero si la idea es creativa y especialmente si viene de Dios, usted sabe que se puede hacer. Tal vez no sea fácil, pero se pude hacer.

Se sugiere la siguiente oración; “Querido Dios, si has plantado una buena idea en mi mente y en mi corazón, por favor dame el valor para seguir adelante sin importar lo que piensen o digan los demás, la sabiduría para saber qué hacer y el fervor para terminarlo. Gracias por escuchar y responder a mi oración. Te agradezco. En el nombre de Jesucristo, Amén.”

1. Romanos 12:10-11 (NVI).
2. Citado en Bits and Pieces.