Febrero 12, 2015

¿Son validos los términos no-bíblicos?

“Un hombre tenía dos hijos—continuó Jesús—. El menor de ellos le dijo a su padre: “Papá, dame lo que me toca de la herencia.” Así que el padre repartió sus bienes entre los dos. Poco después el hijo menor juntó todo lo que tenía y se fue a un país lejano; allí vivió desenfrenadamente y derrochó su herencia.”1

En respuesta a uno de los Encuentros Diarios sobre codependencia un subscritor pregunta, “¿lo qué yo pregunto es, qué le llevó a creer en la codependencia? El termino moderno psicológico ‘codependencia’, el significado del cual no es una idea que haya encontrado alguna vez en las escrituras. Usted dice cosas como esta en muchas ocasiones así que estoy escribiendo esto solamente preguntándome porque debo llegar a esta creencia/conclusión.”

Realmente hay muchos términos que utilizamos hoy que no se encuentran en la Biblia. De hecho usted no encontrará la palabra, “Trinidad,” en las Escrituras pero esta verdad se muestra claramente. Usted no encontrará nada acerca de las denominaciones, o los términos teológicos tales como escatología (el estudio del fin del mundo), u homiletica (el estudio y el arte de la predicación), o hermenéuticas (el estudio y la interpretación del Escrituras), pero éstos son todos términos válidos y ejercicios bíblicos.

Codependencia, entre otras cosas, es como interrumpir las consecuencias lógicas del comportamiento destructivo de alguien más. Es el rescatar a alguien de su propia falta de responsabilidad personal y confundir la necesidad con el amor. Puede parecer amor pero no lo es. Es una manera de intentar resolver los problemas de otra persona evitando el hacer frente a los propios. Es el mantener a alguien dependiendo de usted en vez de permitirles que tomen el cuidado de sus propias necesidades y de llegar a depender en Dios. Es neurótico.

Mientras que la Biblia no utiliza la palabra “codependencia” un importante ejemplo de no ser codependiente se encuentra en la parábola de Jesús del hijo prodigo que, como hombre joven, deseó hacer sus propias cosas así que pidió que su padre le diera su herencia en ese momento. Asi que el padre dio a su hijo su herencia y lo dejo ir. Sabemos cómo terminó la historia. El hijo se acabó su herencia entera llevando una vida desordenada. ¿Cuándo él tocó el fondo, envió su padre a alguien para que lo rescatara? No. Fue el tocar fondo lo que hizo que él entrara en razón. Era muy importante que el padre le permitiera que él sufriera las consecuencias de su comportamiento. Solamente cuando el hijo vino a sus sentidos y volvió a casa con un corazón arrepentido, confesando su rebelión, lo perdonó su padre y lo aceptó nuevamente dentro de la familia y el hogar – un gran ejemplo para los padres y esposas de maridos alcohólicos. Llega un momento en el que necesitamos dejar ir al ser amado y dejar de protegerlo de las consecuencias de su comportamiento destructivo.

Tengan también en cuenta, que el significado más profundo de la parábola de Jesús es acerca de Dios, nuestro Padre celestial, no siendo un codependiente, sino, permitiéndonos que experimentemos las consecuencias del comportamiento irresponsable e imprudente para traernos a nuestros sentidos y a que nos arrepintamos.2

Se sugiere al siguiente oración: “Querido Dios, por favor ayúdame a ver si de alguna manera estoy siendo codependiente y estoy bloqueando las consecuencias del comportamiento destructivo de algún ser amado. Ayúdeme a dejar ir el deseo de intentar controlar a esta persona, y superar mi problema de ser codependiente. Gracias por escuchar y responder a mi oración. Te agradezco. En el nombre de Jesús, Amén.”

1. Lucas 15:11-13 (NVI).
2. Vea Lucas 15:11-24.

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