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Radio Cristiana Rio de Dios

Octubre 06, 2014

Sufriendo por nuestras pérdidas

“Bienaventurados los afligidos porque ellos recibirán consolacion.”1

Jesús lloró por la muerte de su amigo Lázaro. Necesitamos hacer lo mismo cuando experimentamos perdidas y estamos tristes. Cuando escondemos nuestra pena, nos lastimamos a nosotros mismos y distorsionamos la realidad. Como lo dice sabiamente Cecil Osborne, “Cada lagrima derramada es un prisma a través del cual todas las penas de la vida se distorsionan.”

Tim Dayton escribió en su libro, Afirmaciones Diarias para Olvidar y Continuar, “Si mi subconsciente lleva cargando una herida en silencio, yo siempre estaré negro y azul por dentro. No podre enfrentar situación abiertamente por miedo a que esto saque el sufrimiento a la superficie de nuevo. La pena que cargo en silencio por dentro tiene un gran poder sobre mi vida y mis relaciones… Hasta que no entienda mi pena y me permita saberlo, no estaré libre de sus garras.”

La pérdida es parte de la vida. El llorar por esto es un proceso, y no un evento. No hay un remedio rápido. Cualquiera que sean las emociones involucradas—las cuales incluyen confusión, ansiedad e ira—necesitamos sentirlas, experimentarlas y expresarlas de forma sana, así como a la pena inmensa que necesitamos sacar a través del llanto. Las lágrimas son el regalo de Dios para drenar el dolor de las angustias y las penas.

Además, mientras que no sepa como llorar con todo mi corazón, no sabré como amar con todo mi corazón.

Jesús nos ha dado un modelo a seguir. Y sus palabras son ciertas: “Bienaventurados los afligidos porque ellos recibirán consolación.”

Se sugiere la siguiente oración: “Querido Dios, ayúdame a conectarme y a ser honesto con todas mis emociones y aprender a expresarlas de manera sana y en formas constructivas. Y ayúdame a aprender llevar mis penas y a no temerle al llanto cuando estoy triste. Gracias por tu regalo de las lágrimas así como por el regalo de la risa. Ayúdame a comprender que los dos son igual de importantes y saludables. Gracias por escuchar y responder a mi oración. Te agradezco. En el nombre de Jesús, Amén.”

1. Jesús (Mateo 5:4).