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Radio Cristiana Rio de Dios

A lo largo de los años, la simpleza del Evangelio ha venido siendo opacada por la ignorancia del hombre. El ser humano queriendo ser sabio se ha hecho necio, pues ha cambiando la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador (Romanos 1:22; Romanos 1:25). Sin embargo, decir Evangelio es decir Buenas Nuevas para todos los hombres, aún para aquellos que en su ignorancia han venido buscando a Dios, aplicando sus razonamientos y sus tradiciones, que no son más que obras muertas, y constituyen un obstáculo para la transmisión de la diafanidad de la Verdad.

El Evangelio es simple; el Evangelio es una persona; el Evangelio es Cristo. Él es el autor y consumador de nuestra fe (Hebreos 12:2). Él es el único medio por el cual podemos ser salvos. Él dijo: “Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo” (Juan 10:9). Y con esas palabras, lo que el Señor nos quiso enseñar es la importancia que debe tener para nosotros el acercarnos a Él entendiendo que es el único medio para poder entrar al reino de Dios.

La puerta representa un medio físico usado pasar de un lugar a otro, de un ambiente a otro. Así, la Palabra nos muestra que lo mismo sucede en el mundo espiritual. Cuando venimos a la Presencia del Señor y le reconocemos como nuestro Señor y salvador  entramos por la puerta que es Cristo e inmediatamente pasamos de muerte a vida.

Jesucristo dijo: “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida” (Juan 5:24).

Podemos afirmar que los creyentes hemos sido trasladados de la oscuridad al reino de la luz que es en Cristo Jesús, porque Él es la luz del mundo, y el que lo sigue“… no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”(Juan 8:12).

Por tanto, yo te pregunto: ¿cómo dices tú que amas y crees en Dios si aún no has entrado por la puerta? Jesús dice en Su Palabra que nadie puede venir al Padre si no es por medio de El (Juan 14:6), entonces entiendo que si no has usado esa puerta realmente no has entrado a él. Por lo cual, apresúrate a entrar, pues muchos un día procurarán la entrada y no podrán, porque después que el Padre de familia (Dios) se haya levantado y cerrado la puerta, ya nunca jamás podrás entrar.

Jesucristo murió por ti y por mí y vive para siempre, para salvar e interceder ante el trono de la gracia por todos los hombres que por Él se acercan a Dios (Hebreos 7:25).

Una vez un carcelero preguntó al apóstol Pablo y a Silas: “Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?” (Hechos 16:30).

Y ellos dijeron: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa” (v. 31), porque “…en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12).

Es esta la razón, hermano mío, por la que te invito a que entres por la puerta que Dios ha abierto hacia el cielo. Usa esa puerta,  la puerta de su amor y de su misericordia, expresados en Cristo Jesús, quien te espera con los brazos abiertos para hacerte bien y acompañarte eternamente.

Escrito por: Juan Radhames Fernandez

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